Lo sé, sé que no es exactamente ella, pero es tan igual, que he decidido pensar que sí. Que es la articulada pelirroja de ojos miel de mi infancia.
La he buscado durante años. No tuve tanta suerte como con su hermana rubia de ojos miel, mi primera Nancy. Ella sí que apareció, cuando menos me lo esperaba, como ya conté en esta entrada.
A mi articulada, me ha parecido verla algunas veces por ahí, pero no era ella exactamente, siempre había alguna diferencia, una mirada, un atisbo distinto... A veces la encontraba, pero entonces era un precio demasiado elevado lo que no la dejaba volver conmigo. O algún defecto que no me apetecía o no sabía como arreglar.
Pero entonces la ví a ella y supe que por fin la había encontrado. No quise que se volviera a escapar, y me tocó hacer algún sacrificio. Para que ella haya llegado, una de sus hermanas ha tenido que emigrar, pero con tan buena suerte que ha ido a parar a un hogar donde la quieren tanto como yo y ha llenado un vacio que tenía su nueva madre y la hace muy feliz. Me encantan estas historias, es la magia o el poder de Nancy que sólo las que crecimos con ella podemos entender.
Como digo, esta Nancy fue la segunda que tuve. La primera llegó a mi vida de la manera más convencional, como regalo de Reyes, pero ésta tuvo un origen mucho más importante.
Cuando yo era niña, Nancy era mi compañera infatigable, y de tanto jugar con ella, empezaba a estar un poco gastada. Su pelito estaba áspero, sus brazos flojeaban. Vamos, nada que no se pueda corregir ahora con todo lo que sé, pero que entonces yo consideraba que eran signos de vejez y me parecía que siguiendo a ese ritmo mi Nancy rubia se iba a deteriorar irremediablemente y me quedaría sin ella. Por eso, le pedí a mi madre que me comprara otra. Una segunda Nancy que dejara descansar a la primera.
Mi madre me dijo que en vez de comprarla, le pidiera a mi abuela paterna una que se había comprado y que la tenía en su casa. Yo no tenía ni idea de que mi abuela se hubiera comprado una Nancy ¿Para ella? ¿Las abuelas hacían eso? Le dije a mi madre que si la muñeca era de ella no me parecía bien pedírsela, pero ella que es muy práctica y no entiende que yo con más de 50 año juegue con muñecas, se ve que entonces no lo entendía tampoco, y dio por supuesto que mi abuela me la iba a regalar de buen grado.
Así fue, en efecto, fui a ver a mi abuela y le dije no muy convencida que me regalara su muñeca, lo que ella hizo sin dudar. Yo no me sentía demasiado bien pero pensé que a lo mejor se podría comprar otra, no sé... el caso es que en cuanto la ví, todas mis resistencias se vinieron abajo y me enamoré de ella en el acto.
Era esta misma niña vestida con el conjunto de azafata azul, mi abuela me la dio con caja y todo. He intentado también conseguir el traje, pero está a unos precios astronómicos. Sin embargo, no pierdo la esperanza de poder tenerlo algún día.
¿Le costó a mi abuela dejarla marchar? Lo cierto es que nunca se compró otra.
Yo recuerdo muy vivamente la impresión que me causó entonces que fuera articulada. Las diferencias que le veía con la rubia, cómo había cambiado el diseño en los años que habían pasado desde la otra hasta ella, los detalles de los labios estriados, el tobillo más fino, la cintura articulada...
Jugué muchísimo con esa Nancy, a pesar de que me pilló más mayor y fue la que me vio despedirme paulatinamente de las muñecas al llegar a la adolescencia. Junto con su hermana, también fue a parar a mis primas pequeñas, pero ésta nunca apareció. Yo quiero pensar que consiguió fugarse de la casa de mis primas y ha estado viajando esperando el momento de volver a mis brazos.
No sé que sintió mi abuela cuando le pedí su muñeca, no sé por qué mi abuela se compró una Nancy. Como todas las mujeres de su generación le tocó vivir una vida muy dura, una guerra civil, la pérdida de dos hermanos en plena juventud, la muerte de varios hijos pequeños... Tal vez significó recuperar una parte de la magia de la infancia o resarcirse de una vida de privaciones donde el dinero destinado a lo supérfluo era impensable. Algo bonito, algo innecesario, algo sólo para ella...
Quise mucho a mi abuela, se llamaba Ramona que es un nombre que no me gusta nada, pero en su honor mi nueva Nancy se llama así. Mi abuelo solía llamarla Mona, y así es como la llamamos también en casa.
Aqui posa con mi otra pelirroja de ojos marrones, Judith, que es también muy especial porque es un regalo de mi hija y la que me dio el empuje definitivo para empezar a coleccionar.
Indudablemente, las dos son muñecas preciosas, pero...¿no os parece que los ojos de la articulada tienen vida?
No creo que mi abuela esté en ningún sitio, no puedo decir "donde quiera que estés" porque no lo siento así, pero indudablemente está en mi recuerdo y mi corazón y desde mi cariño quiero dedicarle esta entrada y darle las gracias por haber sido tan generosa conmigo.
Gracias, abuela.